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Hablamos con la ginecóloga Miriam Al Adib y con la sexóloga Diana Al Azem sobre la relación actual entre adolescencia y pornografía en una sociedad hiperconectada y plagada de estímulos
Por Miguel Núñez
El consumo de pornografía en adolescentes en un mundo en el que la pantalla no se separa de la palma de la mano plantea una serie de retos muy complejos que, desde luego, no pasan por mirar para otro lado. La ginecóloga Miriam Al Adib y la sexóloga Diana Al Azem, que ven a diario la problemática tanto en consulta como en las aulas, han unido su experiencia en el campo de la salud y la educación para crear el proyecto 'Que no te la metan', una iniciativa de divulgación y acompañamiento con charlas y talleres destinados a dotar a familias y jóvenes de herramientas para construir una sexualidad sana y consciente. Además, ambas han publicado el libro 'Cuando la cigüeña empezó a ver porno'(Editorial Alienta), una guía para orientar a los padres. Hablamos con ellas.
PREGUNTA. A muchos ciudadanos la relación entre adolescencia y consumo de pornografía les puede sonar a algo que ya existía hace 30 años y que sigue existiendo ahora. ¿Cómo podemos explicarles la magnitud del problema en 2025? ¿Qué datos son los primeros que os vienen a la mente para explicar la importancia de lo que ocurre con este asunto?
DIANA: Para empezar, la pornografía que hay ahora no es la misma que había hace 30 años. La que tenemos ahora es mucho más violenta, donde la mujer se cosifica e instrumentaliza muchísimo más. Y, sobre todo, el acceso. Ya de por sí es muchísimo más sencillo que antes, que si querías ver ese tipo de contenido tenías que ir a buscarlo a un videoclub o tenías que pagar una revista. Ahora es que no hay que buscarlo: ahora la pornografía te encuentra a ti. Es verdad que existe una edad por desarrollo cerebral del adolescente donde empieza ese despertar sexual y ahí es cuando el adolescente empieza a buscarlo. El problema de ahora es que con ocho años, que todavía ese despertar no se ha producido, ellos ya están recibiendo el impacto de la pornografía sin ni siquiera haberlo buscado. El impacto en cerebros tan inmaduros con respecto a cómo fue el impacto nuestro cuando teníamos 14 o 15 años nunca va a ser el mismo. Y dos datos a tener en cuenta: la industria pornográfica cuenta con mayores visualizaciones que Netflix y Amazon juntas, y por cada película que se rueda en Hollywood se producen 27 películas pornográficas. Fíjate el mercado que hay ahí. Pensamos que es algo gratuito, que nos lo regalan, pero no nos damos cuenta de que al final el producto somos nosotros. Hay que tener mucho cuidado con esos permisos que se dan en un clic, que a lo mejor una cámara empieza a grabarte sin que te estés dando cuenta. Imagínate lo que se puede hacer luego con ese vídeo que están grabando sin tu permiso, sin tu consentimiento.
MIRIAM: Diana lo ha explicado perfectamente. Solo añadir un dato: el 90% de los adolescentes ve porno y el 90% de los padres creen que sus hijos no ven porno. O sea, que no estamos siendo conscientes de lo que realmente está pasando.
. Este nivel de consumo de pornografía por parte de los más jóvenes tiene un impacto directo en su salud a varios niveles. ¿Cuáles son los principales?
MIRIAM: Hay tres niveles: salud mental, salud relacional y salud física. A nivel de salud mental podemos encontrar la propia adicción al porno o problemas derivados de la frustración que generan los estereotipos y el hecho de creerse que su cuerpo está mal porque no es como lo que sale en el porno. Además, tener una idea del sexo que es completamente errónea va a afectar al otro nivel, que es relacional, con un aumento de disfunciones sexuales: en los chicos son más de tipo disfunción eréctil o eyaculación precoz y en las chicas dispareunia y pérdida del deseo sexual. Pero da igual, porque como hay que hacer lo que dice el porno... Las estadísticas del Instituto de las Mujeresafirman que el 57% de las chicas jóvenes han tenido sexo sin deseo porque “toca” y ya está. Esto, a nivel relacional, habla de vínculos poco o nada saludables, de situaciones de abuso, de no saber incluso que había sido violada después de haber tenido una penetración a la fuerza, como me pasó hace poco con una paciente. Y luego a nivel físico obviamente a través del porno no aprenden nada. Al revés. Se minimizan mucho las posibilidades de infecciones de transmisión sexual y todo lo que implican las relaciones sin protección. Al final la sexualidad es conexión y una experiencia de placer compartida, y no existe esa conexión ni con el propio cuerpo ni con el otro cuerpo. Las mujeres son vistas como cosas y los hombres como que se tienen que descargar, así lo digo. Y además es algo que se ve en todas las edades. Yo he llegado a tener pacientes de 70 años que vienen porque les duelen las relaciones y les pregunto: “Vale, ¿sin la penetración puede tener placer?”. Y me dicen: “No, si yo nunca he tenido placer; si yo vengo aquí porque antes podía dejarle hacer y ahora no puedo dejarle hacer”. No tienen sexo para disfrutar sino para servir a ese matrimonio que tiene que cuidar. Ahora con todo el porno y toda la cosificación de la mujer hay mogollón de chicas que tienen relaciones completamente desconectadas de su propio deseo y de su propio cuerpo, porque es lo que “toca”. El modelo de hipersexualidad en las mujeres se ha convertido como en un estándar de “más valiosa soy cuanto más sexualmente atractiva soy, cuanto más hipersexualizada estoy”. Al final acabamos asumiendo ese rol completamente pasivo.
P. En vuestro libro dais respuestas a muchas dudas frecuentes. Una de ellas es a qué edad debemos hablar con los jóvenes de sexualidad, con el temor tanto de hacerlo demasiado pronto como de llegar muy tarde.
DIANA: Los padres tienen la falsa creencia de que me tengo que sentar el día X a la hora X, cuando el niño tenga X edad, para hablar de este tema. Esto de “la gran charla” es totalmente erróneo. No tiene que haber esa gran charla. La conversación sobre sexualidad es algo que debería darse desde el primer momento en el que el niño tiene cualquier pregunta sobre “¿de dónde vienen los niños?”, “¿por qué mi hermanito tiene pene y yo tengo vagina?”. Ahí empieza la educación sexual. Obviamente el vocabulario hay que adaptarlo a la edad que tiene el niño o la niña, pero no hay que inventarse historias de que vienen de París y que los trae la cigüeña, ni “la semillita de papá”. Hay que hablar las cosas tal cual son, sin engaños y sin fantasías. Y, por supuesto, en cualquier momento. Podemos aprovechar desde una serie que estamos viendo o una situación que le ha pasado a mi vecinita, que se ha echado pareja, o cualquier situación que invite a mantener un diálogo abierto con nuestros hijos a la hora de hablar de cualquier tema de la sexualidad. Recordemos que sexualidad no es solo sexo. Que parece que el foco está puesto nada más que en el coito y en la penetración, y ni mucho menos: la sexualidad incluye otras muchas cosas como el consentimiento, los besos, los abrazos, el cariño que tú le puedas tener a la persona que tienes al lado, el cómo nos tratamos los unos a los otros, cómo nos cuidamos. Todo esto hay que hablarlo desde el primer momento. Y luego también es muy importante que en el momento en el que nuestros hijos nos preguntan algo no reaccionemos llevándonos las manos a la cabeza, que esto solemos hacerlo también mucho cuando de pronto nos preguntan algo que no nos esperábamos porque “todavía son muy pequeños”. Enseguida nos alarmamos y decimos: “¿Pero de dónde has sacado eso? ¿Pero quién te ha dicho eso? ¿Lo has visto? ¿Cómo lo sabes?”. En el momento en el que tú tienes este tipo de reacciones, entonces ya los niños dicen: “Uy, ¿lo que he preguntado es algo malo? Mejor no vuelvo a preguntar”. Entonces, al final, como ellos tienen curiosidad y se hacen preguntas y necesitan respuestas, si nosotros, los padres, los adultos, las personas de referencia, no les damos esas respuestas, obviamente van a acabar buscándolas en la pantalla.
P. ¿Qué respuesta podemos dar a aquellos que piensan que hablar de sexualidad con nuestros hijos es, de alguna manera, una incitación a que practiquen sexo?
MIRIAM: Pues que los estudios dicen justamente lo contrario, que cuando reciben educación sexual de calidad se retrasa el inicio de las relaciones. ¿Por qué? Porque entienden y comprenden la realidad del sexo, saben a lo que se exponen y saben ponderar dónde se están metiendo. Precisamente la falta de educación sexual lo que hace es que se precipiten. ¿Por qué? Porque la curiosidad es natural, la tiene todo el mundo. Si tú no le has dado una base de confianza (por eso, como dice Diana, cada pregunta es una oportunidad de oro para sentarte y hablar) o ven que eres poco accesible para hablar de estos temas, pues no van a tener la información. Y si no van a tener esa información, la van a buscar, y si la van a buscar te puedes imaginar lo que es la educación sexual a través de Internet, ¿no? Que ahí está todo cargado de estereotipos. Si no hacemos educación sexual de calidad, donde hablemos las cosas por su nombre, les vamos a abocar a que inicien las relaciones antes, en situaciones peligrosas, con esa necesidad de fondo del adolescente de “mis amigos ya todos han empezado, ahora me toca a mí; pues entonces, como no me atrevo, pues bebo, y bebo y tengo relaciones con una borrachera”. Se meten en unos berenjenales de los que salen un montón de secuelas por haber iniciado una actividad sexual de mala manera en la adolescencia que yo personalmente, como ginecóloga, veo en mujeres adultas.
P. ¿Qué ocurre si ya hemos llegado tarde y nuestro hijo o hija ha visto un contenido inadecuado y viene a contárnoslo?
DIANA: Hay que aprovecharlo. No podemos evitar que nuestros hijos vean ese contenido en algún momento, porque, aunque yo tenga un control parental, aunque yo ponga el ordenador en el salón, nuestros hijos van al colegio, tienen extraescolares... Yo misma recuerdo que, con 14 años, una compañera de clase fue la que me enseñó la primera escena, yo no fui a buscarla, fue una compañera la que me lo enseñó, y tuvo un grandísimo impacto sobre mí en aquel momento, con 14 años. Imagínate ahora que ya con ocho están viendo este tipo de imágenes. Es algo que no vamos a evitar y que tenemos que dar por hecho que en algún momento van a verlo. Y si ese niño o esa niña ha tenido la suficiente confianza con nosotros como para, encima, venir a decírnoslo, lo primero que tenemos que hacer es darle las gracias y la enhorabuena por haber sido tan valiente de venir a contarnos algo así. Y a partir de ahí es simplemente preguntarles: “¿Cómo te has sentido? ¿Qué te ha parecido? ¿Cómo lo has visto? ¿Crees que esto es así? ¿Crees que las relaciones entre las personas son así?”. Hacer preguntas para entender cómo se siente el niño o la niña en ese momento. Y, a partir de ahí, por supuesto, seguir educando en lo que es correcto, en lo que no, en lo que es natural, en lo que no lo es.
P. Según datos del Ministerio de Sanidad, en 2024 los casos notificados en menores de 25 años han aumentado un 10% en VIH y sífilis, un 23% en gonorrea y un 37% en clamidia. ¿Es una derivada de todo esto?
DIANA: Si nos fijamos en cualquier película pornográfica, lo último que vemos es a alguno de los protagonistas parar para ponerse un preservativo. Y además es que no solamente hace falta irse a las películas pornográficas, ocurre en cualquier película romántica que vemos en televisión. Vemos esos momentos de “nos entra la pasión, nos comemos el uno al otro y ¡pam!”. Ni dan tiempo a la otra persona (las mujeres necesitamos más tiempo que los hombres) ni vemos momentos de “espera un momentito, que voy a ponerme protección”. Claro, los jóvenes dicen: “bueno, pues seguro que no pasa nada” y se confían con el tema de "ha estado solo conmigo, solo va a estar conmigo y, por lo tanto, aquí no va a pasar nada”, cuando hay veces que la otra persona ni siquiera sabe que tiene una infección o alguna enfermedad. Hay veces que la propia persona que lo transmite no sabe ni siquiera que lo tiene y estas infecciones no solo se transmiten a través de la penetración, también se pueden transmitir vía oral.
MIRIAM: Si no educamos y solo hablamos de la parte negativa del sexo, no nos hacen caso porque estamos enfocando la educación sexual solo en la parte negativa: "cuidado con las infecciones, cuidado con los embarazos no deseados" y ya está. Todo mal. La educación sexual incluye la parte positiva del sexo e incluye el respeto, la responsabilidad y la reciprocidad. Si tú solo hablas de la parte negativa, primero, van a pasar de ti olímpicamente; y segundo, van a ir a Internet, como hemos dicho antes, donde se banaliza mucho el sexo. La sociedad ha confundido la libertad sexual con la hipersexualización. No por acostarnos con cualquiera somos más "guays" o más libres sexualmente, pero es lo que se da a entender con un fenómeno que además viene de la más tierna infancia. Si no, date una vuelta por TikTok a ver qué es lo que ven las niñas y lo que suben: vídeos totalmente sexualizados con canciones completamente machistas, donde se dicen burradas. Ahí se sientan las bases. Una persona hipersexualizada no conecta ni con su cuerpo ni con el otro cuerpo en esa experiencia compartida. El sexo se convierte como en lo que hay que hacer, lo que está mandado y lo que hace todo el mundo, y mi valía depende mucho de eso, de lo que se dicen esos estereotipos, donde al hombre hay que atenderlo porque tiene unas necesidades. Ese es un mito también muy extendido: que los chicos, una vez que se excitan... pues no pueden parar. Genera problemas de consentimiento o de que si no tienes relaciones con la frecuencia que el chico dice, es que la que está mal eres tú. Y luego es que, aparte, los hombres, desde esa perspectiva, tampoco conectan con la experiencia sexual. Un hombre que se enamora de una mujer y que quiere que ella esté bien también tiene un problema, porque dice: “El responsable de que ella disfrute soy yo”. Todo pasa por esa mirada androcéntrica. Ellos tienen como la responsabilidad de dar ese placer, de ahí viene la eyaculación precoz y la disfunción eréctil.
P. El 99% de los jóvenes españoles mayores de 14 años tienen un móvil con acceso a internet. Partiendo de la base de que resulta imposible tratar de que un adolescente no tenga conocimiento de la existencia de la pornografía hasta que se convierta en un adulto, ¿a qué deberían aspirar los padres? ¿Con qué puntos clave deberían sentirse satisfechos en el abordaje que han hecho del tema?
DIANA: Es verdad que tienen acceso a todo tipo de contenido, pero sí que está demostrado que, cuando hay un control parental, que hay muchísimas plataformas que lo ofrecen, se reduce en un 60% la visualización de este tipo de contenido. Creo que todas las herramientas que podamos tener externas son pocas. Esto por supuesto debería ser llevado ya al Congreso para que se tratara políticamente hablando, para que haya normas y leyes que castiguen a las personas que invitan a ver este tipo de contenido y que no controlan el acceso de los chavales que entran. Porque si tú entras en una página de estas te hace la pregunta de “¿eres mayor de edad?”. Todo el mundo le puede dar a que sí. Empezando por el control parental al dispositivo móvil, que haya una educación sexual; que haya un diálogo abierto en líneas generales para todo (no solo para este tema, sino para hablar de temas académicos, sociales, de crecimiento o lo que sea). Tiene que haber diálogo en casa. A veces no hace falta mucho más para que nuestros hijos crezcan de una manera sana y que los padres sintamos que estamos haciendo un buen trabajo. Por supuesto, la conexión, el apego y el cariño que les hayamos dado a ellos desde pequeños también va a determinar cómo nuestros hijos en el futuro se van a comportar de cara a mantener relaciones con otras personas.
P. Si buscaseis un colegio para vuestro hijo o hija, ¿en qué os fijaríais de cara a estar tranquilas con respecto al tratamiento de la sexualidad que se hace en ese centro?
DIANA: Que los que están dando ese tipo de contenido fueran profesionales acreditados. Obviamente no le puedes dar esta responsabilidad al profesor de matemáticas, por ejemplo, por mucho tutor que sea de un grupo de alumnos; un profesor de matemáticas no está preparado para eso.
MIRIAM: Tampoco gente que sea monitor que haya dado un cursillo de algo de sexualidad... Se está haciendo mucho y, claro, sale mal.
P. En el libro comentáis también la importancia de trabajar la asertividad en casa.
DIANA: A muchos padres nos encantaría que nuestros hijos supieran decir “no” cuando hay que decirlo. ¿Qué sucede? Que en casa no les permitimos decir “no”. Cuando mi hijo me dice que no a algo que le estoy pidiendo y no le permito decirme que no, pues entonces, al final, no le estoy dando la posibilidad de aprender a decir “no”. Si en casa, que es el lugar seguro donde ellos pueden empezar a aprender a ser asertivos, no les damos ese espacio para poder negarse a algo que no les apetece, no quieren o no les gusta, entonces acabarán convirtiéndose en niños o en adultos sumisos que tendrán que decir “sí” a todo porque no han aprendido a decir “no” a alguien con autoridad.
MIRIAM: Todo lo que sean buenas relaciones hay que trabajarlo. No solo la asertividad: el respeto, la reciprocidad, la responsabilidad… son valores que van a trascender positivamente la educación sexual. Decimos "educación sexual" y muchas veces parece que tenemos que decir "educación sexual afectiva" porque, si no, no tenemos en cuenta que parte de la educación sexual es precisamente una educación en valores. No haría falta ni decir la palabra sexo, porque en lo afectivo está todo. En la asertividad también se incluye no obligar a los niños a darle el besito o el abrazo al que sea de turno. Si tú le obligas a tener un contacto afectuoso porque sí, porque "si no se enfada el abuelo", ya estamos dando un mal mensaje de cara a la educación sexual también. Dentro de la sexualidad está eso: que tú puedas decidir libremente con quién te das el beso o con quién no, o con quién te relacionas, con quién no. El beso o el abrazo lo dan a quien ellos quieren y punto.
P. ¿Hay algún punto concreto en la relación de los jóvenes con la pornografía en el que sí creáis que hay una mejora con respecto a hace unos años?
MIRIAM: Yo no lo veo. Mucha gente dice: "Bueno, pero ahora tenemos libertad sexual y la abuela tenía que casarse virgen. Hemos avanzado en esto". Vale. Pero te voy a decir dónde está el truco: antiguamente, en la época de nuestras abuelas, la sexualidad era sinónimo de reproducción y hoy es sinónimo de placer. Hay una cosa que no ha cambiado: antes y ahora el hombre sigue siendo el sujeto y la mujer el objeto. Antes el modelo ideal de mujer era el de mujer casta, que se mantiene virgen hasta el matrimonio y le da hijos al varón. Objeto: reproducción. Ahora somos objetos de placer. El modelo ideal de mujer es el de una mujer hipersexualizada, no porque disfrute más del sexo, sino porque está más cosificada que nunca y tiene más presión social que nunca, donde si a los 19 años no has tenido relaciones todo el mundo te dice "¿En serio? ¿Pero todavía no?" El drama de antes era que no podías tener relaciones sexuales, por esa educación sexual represiva, pero ahora el drama es que tienes que tenerlas bajo un paradigma que no funciona y que no conecta con uno mismo.
DIANA: Y la pornografía se aprovecha de esa falsa libertad sexual de la mujer y de ese 'empoderamiento' para generar todo el contenido que genera.
MIRIAM: Con este esquema que hemos dicho del “antes y ahora”: antes, objeto de reproducción; y ahora, objeto de placer. Tú fíjate lo que pasa desde la infancia hasta la etapa adulta. ¿A qué jugaban nuestras abuelas? A cuidar a los niños, a la cocinita y, mi generación, más o menos, estaba también por ahí. ¿A qué juega la niña ahora? A hacer poses en vídeos de TikTok. Y luego, en la etapa adulta, antes una mujer valiosa era casta y ahora lo es una mujer cañón y explosiva que su valía depende de lo sexualmente atractiva que sea. ¿Qué ocurre en la menopausia? Antes, como objeto de reproducción, la mujer se "echaba a perder". Ahora, como el modelo es esta mujer hipersexual en todas las etapas de la vida, tenemos que ser unas campeonas y "estamos mejor con 50 que con 20" aunque se nos vaya en ello un montón de dinero en cirugía. Claro que es bueno cuidarse y querer estar guapa, por supuesto. Pero una cosa es eso y otra casi rozar ese automaltrato.
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