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Woman Penelope 

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por Woman Penelope

Nunca imaginé que me pasaría a mí. Cuando eres joven, piensas que siempre tendrás la misma energía, la misma piel, el mismo pelo y ese cuerpo que, con sus más y sus menos, reconoces como tuyo.

 

El paso del tiempo parece algo lejano. Sabes que existe la menopausia, has oído hablar de ella, pero no te imaginas cómo será cuando te toque vivirla.

 

Hasta que empiezan a suceder pequeñas cosas...

 

Un día te ríes y se te escapa un poco de pis. Otro, te entran ganas de llorar y no sabes muy bien por qué. Te miras al espejo y notas que tu piel ha perdido luminosidad, que tu pelo parece más fino... ha perdido volumen. Y empiezas a preguntarte qué está pasando.

 

Al principio no lo relacionas. Piensas que será el estrés, el cansancio o una mala racha. Sigues con tu vida, con tus obligaciones, sin imaginar que algunos de esos cambios podrían estar relacionados con una nueva etapa.

 

Y después llegan los sofocos.

En mi caso, duraron años. Llegó un momento en el que dejé de pasar frío en invierno. ¡Algo bueno tenía que tener! Pero convivir con aquella sensación no siempre era fácil.

 

De pronto, notaba cómo el calor me subía a la cara, empezaba a sudar y la ropa me molestaba. Necesitaba quitarme algo, buscar aire, refrescarme. Y podía ocurrir en cualquier momento, sin importar dónde estuviera o qué estuviera haciendo.

 

Pero los cambios no se quedaban solo en el cuerpo...

 

Había días en los que ni yo misma me entendía.

Podía sentirme triste sin saber por qué, perder la paciencia por cosas que antes no me molestaban o reaccionar de una manera que después ni yo misma comprendía.

 

Y eso también se notaba en mi relación de pareja.

A veces necesitaba un abrazo, sentir que tenía a alguien cerca, que no estaba sola. Pero, cuando mi pareja me rodeaba con sus brazos y yo estaba pasando por uno de esos momentos de calor, necesitaba apartarme.

 

No quería que se alejara de mí. Solo necesitaba espacio para sentirme mejor.

 

El problema era que él no siempre entendía mi reacción. Y yo, tan pendiente de aliviar aquella sensación, no siempre encontraba las palabras adecuadas para explicárselo. Quizá mi tono no era el mejor. Quizá él sentía que lo estaba rechazando cuando, en realidad, yo también necesitaba su cariño.

 

Esa contradicción me frustraba. Porque podía necesitar que me abrazara y, al mismo tiempo, no soportar que me tocara. Quería que me comprendiera, pero a veces ni yo sabía cómo explicarle lo que me estaba ocurriendo.

 

Con el tiempo, entendí que él no podía adivinar lo que yo sentía. Necesitaba hablarlo, explicarle que aquellos cambios me estaban afectando y aprender a decirle lo que necesitaba sin convertir mi malestar en una discusión.

 

No siempre resulta sencillo. Cuando no te encuentras bien, cuando estás cansada o te sientes extraña dentro de tu propio cuerpo, tener paciencia contigo misma también cuesta.

 

Y, mientras intentas entender qué te pasa, la vida sigue. Sigues siendo tú, con tus responsabilidades, tus afectos, tus preocupaciones y tus ganas de sentirte bien.

 

 

Hablemos de ello...

¿Has notado cambios en tu cuerpo o en tu estado de ánimo que al principio no sabías explicar?

 

Cada mujer vive esta etapa de una manera diferente. Compartir nuestras experiencias puede ayudarnos a comprendernos mejor y a sentirnos menos solas.

En Woman Penelope queremos escucharte, sin tabúes y sin juicios.

 

 

Nota editorial | Woman Penelope

Este relato es una creación editorial en primera persona, elaborada a partir de experiencias compartidas por mujeres e información publicada sobre la perimenopausia. No reproduce el testimonio literal de una persona concreta. Su objetivo es dar voz a sensaciones y cambios que muchas mujeres pueden experimentar durante esta etapa, desde una mirada cercana, respetuosa y sin tabúes.

Cada mujer vive este proceso de manera diferente. Si reconoces algunos de estos síntomas, recuerda que pueden tener distintas causas y que un profesional sanitario puede ayudarte a comprenderlos.

 

 

octubre2026@womanpenélope

hay mujeres que no necesitan que las rescaten. necesitan un lugar donde puedan dejar de ser invencibles

cuando empecé a notar cambios en mi cuerpo y en mis emociones, nunca imaginé que podía estar entrando en la perimenopausia

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